viernes, 29 de octubre de 2010

Tiempo de castañas

Estamos en tiempo de setas, pero también en tiempo de castañas. La castaña fue un alimento fundamental en otro tiempo, hasta que el descubrimiento de América aportó la patata –que la suplantó en la dieta básica–, consumido como fruto fresco o seco, e incluso molido como harina. Recolectarlas, extrayéndolas de sus espinosos erizos, puede ser muy trabajoso para los industriosos adultos y un disfrute para los desocupados chiquillos. Y el magosto es una fiesta tradicional de Galicia, celebrada entre 1 de noviembre (Todos los Santos) y el 11 de noviembre (San Martín); en la ciudad de Ourense se celebra en esta fecha, coincidiendo con su patrón, San Martiño.


En el magosto hay tres elementos implicados: la hoguera para asar los frutos, las castañas asadas y la reunión en torno a ellas. Lo principal, el fuego, con su carácter mágico; de ahí el probable origen del término: Magnus Ustus (gran fuego) o Magum Ustum (fuego mágico). El ritual es el siguiente: se prepara una lumbre con leña y, al apagarse y quedar las brasas, se coloca sobre ellas un cilindro metálico con agujeros en su base (tambor o tixolo) o una parrilla, donde se van asando las castañas (previamente cortadas en un extremo o “picadas” para que no salten o revienten con el calor), dándoles vueltas con una vara para que alcancen su punto, sin quemarse. Ya asadas, las castañas se pelan y se comen. ¡Ummm!

Tradicionalmente, la fiesta del magosto, en la que no faltaba el vino y otras viandas, se amenizaba con bailes y cantos populares, con juegos y con narraciones de cuentos. La gente del campo disfrutaba antaño con especial intensidad, se tiznaban el rostro con el hollín y brincaban sobre las brasas, ajenos a la tecnología y a la artificialidad hoy imperante. La tradición se mantiene, es cierto, pero encuadrada en otro ámbito de modernidad.

Las castañas tienen variadas aplicaciones gastronómicas. Además de asadas, a la manera tradicional del magosto o en el horno casero, pueden prepararse de otras formas: cocidas, en purés… o como sofisticado marrón glacé. Las he probado cocidas amenizando carne de cerdo; todo un descubrimiento.

Los colores del Otoño están aquí, y el pardo otoñal de las castañas no podía faltar. En las ciudades aún hay castañeras para recordárnoslo, algunas con un bonito horno en forma de antigua locomotora de vapor. Hoy mismo pasé por delante de una de ellas y no pude resistirme a adquirir un cucurucho de sabrosas castañas asadas. Mientras las degustaba, me llegaron lejanos olores de infancia, en medio de un bosque de castaños, vareando sus erizos y abriéndolos en el suelo con el borde de mis sufridos zapatos. ¡Qué ricas estaban…! ¡Y crudas!


Vals do Magosto


La castanyera (la castañera), canción infantil catalana

jueves, 28 de octubre de 2010

Diálogos político-sanitarios (8): Gasto farmacéutico


Diálogo entre el Dr. Abré, médico de familia, y la señora Medicalina, directora de Farmacia:

Dr. Abré.- ¿No le preocupa que siga aumentando el gasto farmacéutico y que, a pesar de ello, se continúen financiando medicamentos de dudosa eficacia?

Sra. Medicalina.- Estamos promocionado genéricos y vamos a establecer una financiación pública de medicamentos basada en criterios científicos, de superioridad, seguridad y eficacia.

Dr. Abré.- Hasta ahora los tiros les han salido por la culata... ¿Para cuándo medidas serias, en vez de “promociones” que recuerdan las rebajas de los grandes almacenes? 

Sra. Medicalina.- Es nuestra prioridad controlar el gasto y racionalizarlo. Creemos que son buenas las campañas para sensibilizar a los profesionales y concienciar a la población.

Dr. Abré.- ¡Ah, ya! Pero siguen permitiendo la publicidad engañosa y la dispensación en las farmacias sin prescripción preceptiva, al tiempo que critican a los facultativos prescriptores. 

Sra. Medicalina.- Es usted muy mal pensado, Dr. Abré. Nuestra intención es controlar el gasto farmacéutico y disminuir el déficit. Y por supuesto facilitar la labor de los médicos.

Dr. Abré.- ¡Ja, ja! ¿Eficiencia en un marco de calidad? ¿Centrada economía de la salud? ¿Y satisfacción profesional como objetivo?... Sra. Medicalina, todo eso es vacua teoría gestora.

Sra. Medicalina.- Nuestra posición es axiomática. Un medicamento ha de ser eficaz y seguro, con pocos efectos adversos; si por encima es barato, mejor que mejor.

Dr. Abré.- Gran verdad, aunque tan obvia como la de que el uso racional de los medicamentos no ha de suponer de ningún modo perjuicio para los pacientes. Faltaría más.

Sra. Medicalina.- ¡No me lie, no me lie! Y créame: me opongo a la mercadotecnia que emplea el falso y peligroso argumento de alcanzar la felicidad a través de los medicamentos.

Dr. Abré.- Bien, pues consideren los condicionantes del consumo farmacéutico y actúen sobre ellos. Y configuren un listado suficiente a partir de los “medicamentos esenciales”.

Sra. Medicalina.- La política sanitaria y la economía de la salud no le competen, Dr. Abré. Deje estas cuestiones en manos de los expertos, que para eso les pagan… y muy bien. 
***
El gasto farmacéutico preocupa más que nunca en plena crisis económica. Se suscitan debates en busca de su racionalización y, mientras sigue creciendo, los responsables políticos se enfrentan en desacuerdos partidistas. De ahí que se impongan reflexiones en torno al uso, valor, coste y control de los medicamentos.

martes, 26 de octubre de 2010

Para chinchar a un galeno

Acabo de recibir un correo que recoge, en clave humorística y en forma de perversos consejos –que deben tomarse como ironía–, situaciones cotidianas de las consultas de Atención Primaria, reales como la vida misma, aunque parezcan esperpénticas o surrealistas, y que reflejan una peculiar conducta hispana, alejada del comedimiento y del deseable respeto, merecedora de estudio antropológico y sociológico.



CÓMO AMARGARLE EL DÍA A UN MÉDICO

En el siguiente texto describo, paso a paso, la mejor manera de amargarle el día a su médico y/o pediatra de cabecera. Fácil y cómodo.

1. Cuando llegue a la consulta abra la puerta, sin llamar, y pregunte si está apuntado en la lista.

2. En caso de que el médico tenga la suerte de tener la lista a mano y la paciencia de buscarlo, pregunte por qué aún no le han llamado, aunque llegue con media hora de adelanto.

3. Si lo que encuentra es una mujer, pregunte dónde está el médico.

4. También puede decirle a la mujer que si es ahí donde dan las citas.

5. Cada vez que la puerta se abra para que un paciente entre o salga, asome la cabeza con cara de "¿aún no me toca?"

6. En la sala de espera critique a la seguridad social y a los médicos en voz alta y clara para que se le oiga desde dentro.

7. Es un puntazo decir que el sueldo de todos los que estamos allí los paga usted directamente. Sobre todo no mencione que el médico paga también impuestos y a la seguridad social.

8. Es también muy efectivo decir que el médico anterior, ya jubilado, era mucho mejor que el actual. Y, además, le hacía todas las recetas que quería.

9. Si va a la consulta del pediatra, lleve a la abuela del niño. Si su intención no es amargarle, sino que directamente le odia, lleve a las dos abuelas.

10. Cuando entre en la consulta y le pregunten qué le pasa, diga eso
de "no sé, usted es el médico".

11. Nunca vaya directo al grano: empiece desde que notó un primer síntoma, quince años antes, aunque no tenga nada que ver con su enfermedad actual.

12. Si le preguntan si toma medicación, diga que unas pastillitas blancas, redondas.

13. Deje encima de la mesa un fajo tremendo de folios con lo que haya
encontrado en Internet sobre sus síntomas.

14. Cuando vaya a revisión, diga que el tratamiento no le ha hecho absolutamente nada, aunque se le hayan ido la fiebre, la tos, la halitosis, y haya encontrado novia.

15. El fonendo del pediatra, no está ahí para auscultar, sino para que el niño le arranque las orejas, con el consiguiente regocijo. Suyo, y de las dos abuelas.

16. Cuando su hijo desconecte el cable del ordenador, remárquele al pediatra lo avispado que está para su edad.

17. Insista en que el niño no come, aunque rebose por los dos lados de la camilla y lleve en el cochecito cuatro paquetes de gusanitos.

18. Su madre y su suegra saben más que el pediatra. Y al niño siempre le hacen falta vitaminas.

19. Cuando vea que el médico está a punto de despedirle, diga las palabritas mágicas: "y de paso, ya que estoy aquí"

20. Cuando el médico le paute un tratamiento, pregunte: “¿y esto no será malo?”

21. Ponga siempre mala cara cuando le receten un genérico. Todo el mundo sabe que son peores que los de marca.

22. Si le pautan el medicamento de marca, más caro, ponga también mala cara. "Claro, como el que paga es el contribuyente"

23. Cuando salga de la consulta, tras haber ocupado el tiempo de ocho personas, y del café del médico, y llevando en la mano trece hojas de remisión al especialista, diga en voz muy alta:

"Nada, lo de siempre, se pasan la pelota de unos a otros".

***
Y ya puestos a chinchar al galeno, podría añadir otras dos maneras de hacerlo:

- Échele encima de la mesa todos los cartones de los medicamentos que otro le ha recetado y dígale: “hágame todo esto, que tuve que ir a un médico de pago.”

- Vaya sin pedir cita y con cara de compungido pídale una baja laboral porque sí, diciendo que desde hace cuatro días se encuentra mal y no ha podido ir a trabajar. Verá cómo el médico se pliega humildemente a sus mandatos.

lunes, 25 de octubre de 2010

Glenn Miller: Serenata a la luz de la Luna

A veces uno no tiene nada que decir, o que escribir, y se deja caer en los brazos de la Luna esperando la inspiración. Y releyendo una entrada de mi amiga Lola Mu, me dejé llevar por el sonriente humor de la música de Glenn Miller (1904-1944).

¡Oh, Serenata a la luz de la Luna!, una de esas piezas que uno nunca se cansa de escuchar, un gran hallazgo melódico y un “sonido particular” envuelto por un halo nostálgico. Para bailar y soñar.

Moonlight Serenade – Versión original incluida en la película "The Glenn Miller Story"



Moonlight Serenade – Con letra añadida, interpretada por Frank Sinatra


sábado, 23 de octubre de 2010

A través de la historia de la música (2): Tres grandes períodos musicales



Barroco

La llegada del Barroco (aproximadamente de 1600 a 1750) marca una controvertida línea divisoria, al considerarse que con su advenimiento en el siglo XVII se habría llegado al final de la “música antigua”. El término barroco, procedente del portugués (“perla deformada”) y tomado de la arquitectura, musicalmente hace referencia a una ornamentación recargada que se identifica con el contrapunto de la polifonía; construcciones musicales con la técnica contrapuntística son el canon y la fuga. La música barroca también se allega a la monodia acompañada con una textura musical en la que una voz superior se destaca sobre otras que forman el llamado bajo continuo, como relleno armónico de la melodía principal, función realizada por uno o varios instrumentos armónicos capaces de producir acordes o polifonía, caso del clavecín.

La monodia acompañada es aquí un elemento de la “ópera”, forma musical aparecida en Florencia a finales del siglo XVI y perfeccionado por Claudio Monteverdi (1567-1643), el músico que personifica la transición. Y también de la “cantata” y el “oratorio”, las nuevas formas musicales cantadas de este periodo. El género vocal barroco se caracteriza por el recitativo, en el cual el ritmo de la palabra determina el discurso melódico. En esta época consiguen convivir al fin la música sacra y la música profana

La música instrumental evoluciona especialmente durante el siglo XVII, desarrollándose formas instrumentales como la “suite”, la “sonata” y el “concerto”. A finales de ese siglo se impone la tonalidad como sistema de relación armónica, expresando un único estado de ánimo en toda una obra. El instrumento musical barroco por excelencia es el violín, aunque también destacan el clavecín –clave o clavicémbalo– y el órgano de teclado.

Los dos magnos compositores de este periodo son Johann Sebastian Bach (1685-750) y Georg Friedrich Haendel (1685-1759).

En resumen, con el advenimiento del Barroco (s. XVII) se impuso la escritura contrapuntística y de bajo continuo, se perfeccionó la ópera y se desarrollaron otras formas vocales (cantata y oratorio), evolucionó la música instrumental (suite, sonata, concerto) y se estableció la tonalidad como sistema de relación armónica, expresando un único estado de ánimo en toda una obra. Bach y Haendel sobresalen en este tiempo.



Clasicismo

Tras el Barroco, el Clasicismo (aproximadamente de 1750 a 1820) marca otro punto de inflexión en la historia de la música. Reacciona contra el rígido contrapunto barroco y la idea de mantener un único sentimiento anímico, ampliando el margen de libertad creativa. Se abandona definitivamente el estilo polifónico para adoptar la sencillez de la melodía acompañada. Y la música instrumental toma protagonismo sobre la vocal.

El concepto de música clásica se refiere en general a todos los períodos de la música culta europea, pero las composiciones clásicas propiamente dichas pertenecen a este período. No se trata de un redescubrimiento e imitación del arte sonoro greco-romano, porque nada se sabe de cómo sonaría la música de la Antigüedad, anterior a 476, año de la caída del Imperio Romano; al no existir entonces notación escrita, la música antigua permanece desconocida.

El Clasicismo musical busca el perfecto equilibrio entre armonía y melodía. Supone una fase trascendental en la evolución de la música tonal, que irá cada vez más lejos del llamado centro tonal hasta dar comienzo a la época romántica. En este periodo aparecen nuevos instrumentos, como el piano y el clarinete; se mejoran otros del periodo Barroco, como el fagot, el oboe y el contrabajo; y pierden vigencia la viola da gamba, el clavicordio, la flauta dulce, el laúd y el clavecín.

En el Clasicismo se hace distinción entre música de cámara y sinfónica, imponiéndose nuevas formas musicales: el “cuarteto” y el “trío” de cuerdas, la “sonata” para teclado y la “sinfonía”. Y se configura la Orquesta Sinfónica.

El apogeo clásico se alcanzó en el s. XVIII con tres grandes compositores e innovadores archiconocidos: Franz Joseph Haydn (1732-1809), Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) y Ludwig van Beethoven (17701-1827).

En resumen, el Clasicismo reaccionó contra el rígido contrapunto barroco y la idea de mantener un sentimiento monocorde, adoptó la textura de melodía acompañada, amplió el margen de libertad creativa, hizo distinción entre música de cámara y sinfónica, y aportó nuevas formas musicales (cuarteto de cuerda, sonata para teclado, sinfonía). Los grandes compositores de este periodo son Haydn, Mozart y Beethoven. Y habrá de ser este último el promotor del trascendental período romántico, ya en el s. XIX.



Romanticismo

Tras el Clasicismo, llega el Romanticismo para ocupar casi todo el siglo XIX y abrazar los inicios del XX. El Romanticismo musical está relacionado con la corriente romántica literaria, artística y filosófica que lo precede (entre 1780 y 1840), con el fundamento ideológico de que la verdad sólo se puede captar a través de la emoción o el sentimiento. La música romántica procura expresar las emociones, sin que deba interpretarse como dulce, suave y ensoñadora. Por otro lado, no toda la música del Romanticismo se ciñe a unas características determinadas, ni toda la música romántica se encuadra en el periodo romántico; compositores posteriores adoptaron la estética romántica.

Con el impulso de Ludwig van Beethoven (17701-1827), que parte del Clasicismo, el Romanticismo va avanzando en nuevas direcciones, cada vez más abiertas, y se van poniendo en valor la originalidad, la libertad individual y la fuerza emotiva, los sentimientos, en suma. Se acrecienta la ópera y la sinfonía alcanza su máximo esplendor, al tiempo que se exprimen las posibilidades del piano y composiciones intimistas como los “Lieder” alcanzan su plenitud. Alemania domina en lo instrumental e Italia en lo operístico. Francia abraza el movimiento romántico y en la periferia europea se despierta un fervor nacionalista que se impone en lo musical.

En esta etapa histórica de popularización de la música, se presta atención a las propias raíces, al folklore particular de cada pueblo, y en los países musicalmente no dominantes surge un movimiento: el nacionalismo musical. Otras artes, como la literatura y la pintura, influyen en la creación musical dando lugar a composiciones programáticas o descriptivas –algunas bajo la novedosa forma musical del “poema sinfónico”–, si bien la música abstracta o pura, sin referencias exteriores, se mantiene vigente. Los músicos menos ortodoxos buscan y prueban, emprendiendo arriesgados viajes sonoros, a veces de ida y vuelta.

Es la época de otros grandes compositores: Franz Liszt (1811-1886), Hector Berlioz (1803-1869), Franz Schubert (1797-1828), Robert Schumann (1810-1856), Johannes Brahms (1833-1897), Frederick Chopin (1810-1849), Piotr Illich Tchaikovsky (1840-1893), Richard Wagner (1813-1883), Giuseppe Verdi (1813-1901), etc. Cabe resaltar la originalidad de los dos primeros, desasosegados e influyentes en su momento.

En resumen, el Romanticismo musical partió de la corriente romántica general con el impulso de Beethoven, dio valor a la expresión emocional, a la originalidad y a libertad sonoras, bebió en las fuentes del folklore musical, se inspiró en la literatura y en las bellas artes, y consiguió popularizar el arte sonoro. A este periodo pertenecen compositores de todos conocidos: Liszt, Berlioz, Schubert, Schumann, Brahms, Chopin, Tchaikovsky, Wagner, Verdi…


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Enlaces externos:

Enlaces en este blog:

Como colofón a este largo artículo, propongo de ilustración audiovisual un video que hace un somero recorrido a través de la historia de la música, desde la Antigüedad hasta el Romanticismo, pasando por el Barroco y el Clasicismo. Espero que les sirva de utilidad y, sobre todo, que disfruten de la música.

jueves, 21 de octubre de 2010

Tesoro a conservar



Quien tiene un amigo tiene un tesoro, es frase consabida. Pero no es fácil atesorar amigos, y menos para los no tocados por la amistosa gracia. La incomprensión, la falta de empatía y el egoísmo producen el alejamiento de las almas; la timidez, la indecisión y las excesivas reservas dificultan el acercamiento. Algunos afortunados tienen la cualidad de ganarse a los demás, por su apertura sincera, su sensibilidad y su generosidad.

¡Qué gran riqueza el don de la amistad! Se puede triunfar profesionalmente, tener mucho dinero, una buena posición social… y no poseer la mayor de las fortunas. El don de la amistad, un gran tesoro que cuesta mucho lograr y gran esfuerzo conservar. La confianza y el afecto que conforman la amistad nutren el espíritu, lo reconfortan y llenan de regocijo. Es vivificante tener amigos cercanos; es alentador contar con amistades en la lejanía, aun transoceánica.

Y valgan algunos dichos sobre la amistad…
  • La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas. (Aristóteles)
  • En la conformidad de las voluntades consiste la verdadera amistad. (Salustio).
  • Mejor el amigo cercano que el hermano lejos. (Proverbio)
  • No están presentes los que no se tratan, ni ausentes los que por escrito se comunican. (B. Gracián)
  • Quien no tiene amigos sino por lo que les da poco le durarán. (D. Juan Manuel)
  • Buena cosa es tener amigos, pero mala el tener necesidad de ellos. (Anónimo)
  • No hay amigos, sólo momentos de amistad. (J. Renard)
  • El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos. (Proverbio turco)
  • Quien no buscó amigos en la alegría, en la desgracia no los pida. (Refrán)
  • Un amigo es aquél que te conoce bien y a pesar de todo te quiere. (E. Hubbard)
  • Amigo es el que en la prosperidad acude al ser llamado y en la adversidad sin serlo. (D. de Falero)
  • Un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano. (B. Franklin)
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Añado un pensamiento de Santiago Ramón y Cajal sobre la amistad:
"A los amigos, como a los dientes, los vamos perdiendo con los años, no siempre sin dolor. Apártate progresivamente, sin rupturas violentas, del amigo para quien representas un medio en vez de ser un fin. Nos quejamos de los amigos porque exigimos de ellos más de lo que pueden dar. O se tienen muchas ideas y poco amigos, o muchos amigos y pocas ideas." 

Friends Will Be Friends - Queen

martes, 19 de octubre de 2010

Gestión de la calidad en salud


Partimos del concepto de calidad en salud con tres definiciones:

  • “Obtener mayores beneficios con menores riesgos para el paciente, en función de recursos disponibles y valores sociales” (Avedis Donabedian, 1984).
  • “Asegurar que cada paciente reciba el conjunto de servicios diagnósticos y terapéuticos más adecuados para conseguir una atención sanitaria óptima (…) y lograr el mejor resultado con mínimo riesgo de efectos iatrogénicos y máxima satisfacción” (OMS, 1985).
  • “Ofrecer de forma continuada unos servicios eficaces, efectivos y eficientes, adecuados a necesidades de clientes, accesibles y aceptados, según estado actual de conocimientos” (Joint Commission, 1990).

Y entonces podremos entender la idea de gestión de la calidad en salud, que implica un mejoramiento continuo. Detectados los problemas, se tratan de corregir introduciendo cambios, con la aplicación de un ciclo de calidad o "círculo Deming", en cuatro fases (planificación, ejecución, implementación y evaluación), y midiendo la mejora mediante indicadores de calidad. Contempla los factores humano, técnico y del entorno, y atiende principalmente a cinco grandes dimensiones de calidad: 1) efectividad (poder del procedimiento), 2) eficiencia (relación coste/beneficio), 3) accesibilidad (acceso a los servicios), 4) satisfacción del usuario (aceptabilidad) y 5) competencia profesional (científico-técnica).

Hasta aquí un simplificación teórica; la terca realidad se opone a la consecución de buenos niveles de calidad en nuestro medio sanitario.

Pero tratando de huir del pesimismo, traigo una teorización audiovisual sobre la llamada genéricamente calidad total…

lunes, 18 de octubre de 2010

A vueltas con otros sistemas sanitarios


En el siempre interesante blog “El Supositorio”, el Dr. Vicente Baos ha publicado la experiencia de una médico de familia en Nueva Zelanda. Se informa de una medicina integral, sin agobio, organizada, con reconocimiento profesional, estimulante… frente a un modelo hispano de medicina funcionarial, con gran presión asistencial, desorganizada, que no valora la dedicación, poco estimulante. Sobre el papel, no hay color. La experiencia revelada es parecida a las que he leído de otros médicos generales o de familia españoles que trabajan en diferentes países. Esta revelación se extendió a un foro médico, en el que se abrió un debate sobre los otros sistemas sanitarios. Y entonces se reabrieron también las heridas producidas en los últimos tiempos por la nueva gestión sanitaria, llegándose a comentar la intención de aumentar la productividad sanitaria empleando metodologías de una fábrica de automóviles, propugnada por gestores y consultores ingenieriles de la “calidad total” que los más críticos -o sensatos- ven como un peligro para la salud pública. Porque son quienes toman decisiones arbitrarias, establecen agendas disparatadas y dictan medidas leoninas. De manera que aquí, desde que al paciente pasó a considerárselo usuario, se mantiene la idea de la productividad frente a la de asistencia adecuada.

Cuando se comenzó a hablar de “productividad en salud” a muchos se nos hacía difícil comprender el pretendido parangón entre una empresa con cadena de montaje y la atención sanitaria, entendida por los nuevos teóricos, o gestores de despacho, como la consecución de objetivos al menor coste posible. Una falsa eficiencia, porque desentendía –y sigue desatendiendo– los demás aspectos de la “calidad en salud”. Este es el gran problema que tenemos en nuestro sistema, que se nos ve a los médicos como productores robotizados a los que hay que ajustar las tuercas para que cumplan automáticamente las directrices que se les imponen. Porque no está bien visto el que se piense; ya es suficiente con seguir las pautas que el gerencialismo hipertrofiado imbuye. Así que cuando tenemos noticias de otros sistemas sanitarios en los que parece que el médico no se contempla como mero productor, sino como profesional en su dimensión humana, y donde por encima está reconocido, bien considerado socialmente, es respetado, se le facilitan los medios de trabajo y se le remunera bien, hemos de apretar los dientes y decirnos que urge cambiar el panorama sanitario hispano. O, tal vez, relajar la mandíbula y poner rumbo hacia otros horizontes de sensatez.

viernes, 15 de octubre de 2010

Embrollo en la codificación de enfermedades


Una noticia de prensa de sugerente titular, “De baja por accidente en nave espacial”, recoge quejas de médicos de familia gallegos, porque a esta extravagancia causal se une la dificultad en la búsqueda de diagnósticos más probables, con los correspondientes códigos de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), embrollándose mucho la Gestión informática de la Incapacidad Temporal (IT). La codificación de enfermedades es imprescindible para la emisión de partes de IT electrónicos. El que se recojan en la CIE accidentes anecdóticos no oculta una realidad: la dificultad para codificar muchos procesos por las barreras del programa informático IANUS del Servizo Galego de Saúde (SERGAS), que no procesa palabras clave. En cierto modo pasa también con la Clasificación Internacional de Atención Primaria (CIAP) para la codificación en la historia clínica electrónica. Las consecuencias consabidas: pérdida de tiempo y de la paciencia. El problema no es el hecho de codificar, sino la forma en que se ofrece la codificación, que se convierte a menudo en una auténtica pesadilla, como se puede ver en este video en el que se dramatiza el proceso: “Dramatización de la Atención Primaria de Salud”.


Esto me da pie para recordar las grandes clasificaciones internacionales de enfermedades y otros problemas de salud:

Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es una clasificación de referencia que además de enfermedades incluye síndromes; se emplea en informes de alta hospitalaria. El listado de enfermedades de la CIE deriva de la «Lista de causas de muerte» del Instituto Internacional de Estadística iniciada en 1893. Consta de 21 capítulos, incluyendo un código alfanumérico de tres o cuatro dígitos, indicando mediante una letra el capítulo y un número para los diferentes síndromes; ejemplo: “M06.0 Artritis reumatoide seronegativa”. La OMS viene coordinando la revisión periódica de esta clasificación desde 1948.

Clasificación Internacional de Atención Primaria (CIAP) de la Organización Mundial de los Médicos Generales / de Familia (WONCA). Otra clasificación de referencia que recoge motivos de consulta y problemas de salud; más útil para el primer nivel asistencial, que suele manejar síntomas y signos en vez de diagnósticos específicos. Se basa en códigos alfanuméricos de tres dígitos: el primero es una letra que representa un aparato o sistema orgánico de un total de 17 capítulos; el segundo y el tercero los forman números, referidos a signos o síntomas, procedimientos administrativos, diagnósticos, medidas preventivas o terapéuticas, resultados de pruebas complementarias, derivaciones, seguimiento y otras razones de consulta, enfermedades y problemas de salud; ejemplo: “F01 Dolor ocular”.

Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM). Es la clasificación correspondiente a la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) y que usan clínicos e investigadores de todo el mundo. Consta de 5 ejes, incluyéndose en cada uno diferentes categorías (Eje I: Trastornos clínicos y estados no atribuibles a trastornos mentales que merecen atención o tratamiento; Eje II: Trastornos de personalidad y del desarrollo; Eje III: Trastornos y estados somáticos; Eje IV: Problemas psicosociales y ambientales; Eje V: Evaluación de la actividad global). En los distintos ejes entran diferentes categorías de enfermedad mental.

jueves, 14 de octubre de 2010

Evento versus convención

No logro acostumbrarme al nuevo uso -para mí inadecuado- de la palabra evento (suceso, acontecimiento, hecho, imprevisto, circunstancia), empleada en los últimos tiempos en Hispania para referirse a la celebración de algo que ha sido previamente programado, cuando en puridad significa una eventualidad, un hecho imprevisto. En países hispanoamericanos ya se usaba en el primer sentido desde mucho antes y aquí hemos adoptado este neologismo. Yo no consigo asumir el nuevo significado porque existen otras palabras en castellano para referirnos a reuniones previstas o programadas de antemano con el fin de analizar o debatir cualquier asunto, tales como convención, simposio o congreso. Así que me parecen preferibles éstas para anunciar conferencias, discursos o ponencias que habrán de tener lugar en fecha y hora determinada. Hay convenciones, simposios y congresos referidos a reuniones empresariales, políticas, médicas, musicales, artísticas, etc.

¡Ay!, tal vez sea un maniático del idioma, pero mi credo me arrastra a oponerme al lenguaje desvirtuado.
***
Enlace relacionado:

Un ejemplo audiovisual del uso de convención y evento como sinónimos:

Convención Mexicana de Arte en Globos... el Evento Qualatex

martes, 12 de octubre de 2010

Joan Sutherland, adiós a una gran soprano

De la gran soprano australiana Joan Sutherland (Sídney, Australia, 7 de noviembre de 1926 - Suiza, 10 de octubre de 2010), de elogiada coloratura y apodada “La Stupenda”, recientemente desaparecida a los 83 años, traigo como homenaje una interpretación del aria In questa reggia, de la ópera Turandot de Puccini. En esta grabación mítica podemos escuchar también al tenor Luciano Pavarotti -quien la consideró "la voz del siglo"-, junto al coro John Alldis y la Orquesta Filarmónica de Londres, dirigida por Zubin Mehta. ¡Qué disfruten de la voz de Joan Sutherland!

lunes, 11 de octubre de 2010

Amor y desencanto


Un gran poeta, famoso por sus Coplas, hablaba de la fuerza del amor, de sus efectos contradictorios y de su variabilidad en contundentes versos…

Es amor fuerza tan fuerte
que fuerza toda razón;
una fuerza de tal suerte
que todo seso convierte
en su fuerza y su afición.
Es placer en que hay dolores,
dolor en que hay alegría,
un pesar en que hay dulzores,
un esfuerzo en que hay temores,
temor en que hay osadía.
Es un modo de locura
con las mudanzas que hace:
una vez pone tristura,
otra vez causa holgura,
como lo quiere y le place.

(Jorge Manrique. Diciendo que cosa es amor)

Y un letrista de boleros tuvo una curiosa forma de decir que no hay que mirar atrás cuando todo el amor acaba…

No te detengas a mirar las ramas viejas del rosal
que se marchitan sin dar flor
mira el paisaje del azul
que es la razón para vivir y amar.

(Homero Espósito. Vete de mí)

De este gran bolero, Vete de mi, con música de Virgilio Espósito, traigo dos interpretaciones. Una es la recreación moderna, delicada y sentida, de Bebo Valdés (piano) y El Cigala (voz). La otra es la versión clásica y emocionante del cantante, compositor y pianista cubano Ignacio Villa "Bola de Nieve" (1911-1971), que más que cantar interpreta. Si se les cae una lágrima lo comprenderé.

Bebo & Cigala – Vete de mí

Ignacio Villa "Bola de Nieve" – Vete de mí

viernes, 8 de octubre de 2010

Pestañas orientadoras en blog


Con el fin de facilitar la lectura de Medicina y Melodía he dispuesto“pestañas”. A través de ellas se puede tener una visión general de los contenidos del blog, ya que facilitan la localización de la información; desde cada rótulo se presenta un preámbulo y se direcciona a los contenidos que me parecen clave. He pretendido compendiar los temas que ya aparecen bajo las respectivas etiquetas y que, como se recoge en la “descripción” corresponden al menos a uno de estos tres apartados o capítulos genéricos: 1)médicos (humanísticos), 2)melódicos (musicales) o 3)intermedios (misceláneos). Aunque es imposible acertar plenamente, espero que estas pestañas sirvan de ayuda a los lectores, a quienes –supuesta su benevolencia– agradezco su interés por este espacio médico-melódico.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Sobre la Antropología Médica


La Antropología Médica es la ciencia que estudia la implicación de los fenómenos sociales y culturales en la forma que tiene el hombre de entender la salud y afrontar la enfermedad. También se han empleado los términos: "A. de la medicina", "A. de la salud" o "A. de la enfermedad". A veces pueden confundirse los límites de la Antropología Médica y la Sociología Médica.

La Antropología Médica puede considerarse un subcampo de la Antropología Social y de la Antropología Cultural. Si la Antropología (del gr. ánthropos, hombre, y lógos, tratado) es la ciencia social que estudia al hombre en su integridad, física y moralmente, y dentro de ella existen ramas, como la A. Cultural, la A. Filosófica, la A. Social o la A. Educativa, es comprensible que exista la A. Médica.

Los antropólogos médicos investigan y teorizan sobre los fenómenos socioculturales que repercuten sobre las interpretaciones de la salud y la enfermedad, partiendo del concepto de “Medical Anthropology”, acuñado en 1963. Ocasionalmente se realizó un enfoque filosófico que desvirtuaba su esencia. Pero remontándonos en el tiempo, comprobamos que ya Hipócrates teorizó sobre la enfermedad en relación al medio en que el individuo se desenvuelve, y hasta el siglo XIX la Antropología formó parte de la formación médica (se descartó con el naciente hospitalocentrismo y la reticencia a todo empirismo).

La medicina popular o tradicional –folkmedicine– compete a la Antropología Médica. El estudio de las prácticas primitivas, pre-científicas, de los aborígenes de diferentes pueblos del mundo, de curanderos o sanadores, especialmente en el medio rural, es de su incumbencia. Lo que ha permitido comprobar que muchas terapias efectivas, de apariencia mágica o religiosa, se basaban en la aplicación de plantas que contenían alcaloides y otros principios químicos, y de paso establecer los límites culturales de la etnomedicina.

La Antropología Médica se encarga del estudio de la etnomedicina, que aplicada a la psique es considerada como etnopsiquiatría. Es pertinente la diferenciación considerando las diferentes interpretaciones que de la locura han hecho distintas etnias. Hay trastornos que se consideran culturales o étnicos –ethnic disorders–, como el mal de ojo, el tarantismo (fenómeno histérico convulsivo) o los estados de trance; algunos son propios de las sociedades modernas, caso de la anorexia nerviosa o del síndrome premenstrual.

La Antropología Médica también estudia el creciente fenómeno de la medicalización en las sociedades modernas. (Ver: Medicalización de la vida y voces en contra)

Es indiscutible el interés de la Antropología Médica por sus posibilidades de aplicación en la medicina, en diferentes ámbitos; sirvan de ejemplo: la teoría y el método de la medicina, la relación médico-paciente y la mejora de los sistemas de salud.

lunes, 4 de octubre de 2010

Dramatización de la Atención Primaria de Salud

He aquí una alegoría sobre el día a día de los médicos de familia del Institut Català de la Salut y su lucha contra la escasez de tiempo y el ordenador, una representación visual de la que he tenido conocimiento por el blog El nido del gavilán. Aquí se resume un drama que no difiere del que sufre el resto de profesionales de otras comunidades de la diversa Hispania, que trabajan en solitario y han de armarse de paciencia infinita para no estallar. Quien no lo vive, no lo puede creer. En fin, reír por no llorar.

sábado, 2 de octubre de 2010

Peculiaridades de las recetas médicas en Hispania

Sobre la burocracia médica, entendida en el sentido negativo de la cuarta acepción del Diccionario de la Real Academia Española como “administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas”, y los principales elementos que la conforman –las recetas, la incapacidad temporal, los certificados y los justificantes de asistencia–, he hallado un buen análisis sintético realizado por un médico de familia. Ya hemos tratado en este blog esta cuestiones (entradas clave: Burocracia médica, Receta electrónica y gasto farmacéutico, Gestión de la incapacidad temporal, Informes y certificados médicos), establecidas en nuestro sistema sanitario como problemas inveterados a los que se les quiere dar una respuesta tecnológica en vez de lógica. Pero quiero centrarme únicamente en las peculiaridades de las recetas médicas en Hispania y reproduzco este apartado del susodicho estudio, subrayando en el texto lo que me parece más relevante o que sirve de introducción a alguna particularidad.

(Foto del blog El Supositorio)

LAS RECETAS, por José Luis Quintana Gómez (*)

La receta tal cual está organizada es un lastre para todo el Sistema Nacional de Salud. Lo primero que es necesario es redefinir el concepto de receta: la prescripción puede hacerse en cualquier papel en blanco con tal de que consten los requisitos que la ley obliga (nombre y apellidos del prescriptor, firma, número de colegiado...), con eso en cualquier farmacia le dispensan el fármaco; la receta oficial sólo añade el acceso al descuento que la ley reconoce como derecho de los pacientes. El valor que aporta la receta oficial no es otro que el de cupón de descuento para la farmacia. Por eso se ha vuelto imprescindible una receta por caja, porque en el fondo más que un documento de prescripción lo es de facturación. ¿Es posible la receta multiprescripción? Si, claro que sí, en un papel en blanco. Lo que no es posible (por el momento) es la receta "mutidescuento" porque no se adapta al sistema de cajas que es, en el fondo, su principal cometido. La receta oficial es un documento básicamente preconstitucional cuya información clínica útil es prácticamente ninguna; por eso casi todos los programas informáticos de consulta disponen de una "hoja de tratamiento" con información algo más útil para el paciente. Se reclama su reforma desde hace años para igualarnos a los países de nuestro entorno sin éxito ninguno (http://www.observatoriosanitario.org/). Se prefiere desperdiciar miles de horas de trabajo de los médicos y, seguramente, millones de los pacientes, a replantearse el sistema de descuento. Todos están cómodos, menos los médicos de atención primaria; aunque algunos de nosotros, con el paso del tiempo, también nos hemos acostumbrado.

La receta electrónica se anuncia como el remedio de todos los males. Indiscutiblemente es un salto importante para eliminar papel y consultas innecesarias, pero es necesario que los médicos que trabajan en hospitales, urgencias, ambulatorios, etc. dispongan de la misma y la usen. De todas formas una receta hecha "a mano" homologable a la de otros países como Gran Bretaña o Portugal que es multiprescripción y durante un tiempo (varios fármacos para un mes o un año) solucionaría igual el problema sin necesitar tanta tecnología, ni tanta inversión y además sería válida en las distintas autonomías. Hemos oído decir a responsables políticos que "la receta multiprescripción en papel es inviable", lo que realmente resulta inviable es tener gestores que se conforman con la situación actual, que regularmente anuncian soluciones que nunca llegan y que no tienen empacho en despilfarrar los recursos sanitarios. No obstante, mientras esperamos un poco de lucidez en los directivos sanitarios en este tema, es imprescindible que los compañeros especialistas (tanto en los hospitales, como en los ambulatorios de especialidades y en los servicios de urgencias) dispongan y usen los documentos en los que, por el momento, se hace la prescripción: la receta oficial. De esta forma se asumen las responsabilidades de las propias prescripciones, no se delega la burocracia en terceros y no se obliga a peregrinar a los pacientes tras los derechos que recoge la ley. También parece razonable el papel del médico de familia como integrador de los tratamientos de los distintos especialistas por su posición nuclear y su perspectiva del paciente. Pero, al menos, las primeras recetas tienen que ser facilitadas por el médico prescriptor en el caso de tratamientos prolongados o el tratamiento completo en casos de tratamientos de duración breve (por ejemplo antibióticos). Algo tan sensato se ha tenido y se tiene que conseguir mediante movimientos espontáneos de "insurrección" en muchas comunidades de España en lugar de ser producto de la reflexión y el acuerdo.

Mención aparte merece las llamadas recetas de diagnóstico hospitalario, fármacos que precisan un visado de inspección. Se trata de fármacos que el propio Estado impide que se puedan prescribir en un centro de salud, se supone que porque la indicación esta fuera de nuestras capacidades. Precisa un diagnóstico y una indicación en atención hospitalaria. Sin embargo, el especialista puede darle al paciente un informe y con ese informe podemos hacer recetas que el inspector visa. Es el mejor retrato de la situación de la prescripción en España. Pasaremos por alto (por no ser el objetivo del presente escrito) el criterio con el que se etiqueta a un fármaco como de diagnóstico hospitalario. Si yo no estoy capacitado para la indicación del fármaco es imposible que pueda recetarlo porque con mi firma me hago responsable del mismo, cuando el estado dice que no puedo serlo. Para remate, si el médico que no puede recetarlo en el centro de salud hace guardias en un hospital allí podrá prescribirlo y en su puesto de trabajo habitual no. Con los pediatras sucede lo mismo: pueden prescribir en el hospital lo que no pueden prescribir fuera. Tenemos que concluir que es el edificio el que capacita al médico para la prescripción. La medicación de diagnóstico hospitalario queda al margen del sentido común, de la responsabilidad legal de las decisiones médicas y del devenir de los tiempos y debe desaparecer lo antes posible. En otro caso debe derivarse la receta al que tiene la capacidad de prescribir el fármaco. Los distintos intentos de paliar el problema (visado electrónico, autovisado...) reflejan muy bien que se entiende por solución: en vez de arreglar el problema, construimos sobre él otra cosa que nos adentra más en lo absurdo y nos aleja del origen hasta volverlo lejano e inidentificable. El asunto no es cómo conseguir el autovisado, es resolver el sinsentido del diagnóstico hospitalario. No es posible sustituir la inteligencia y el sentido común con informática.

Las llamadas recetas de estupefacientes son otra de las herencias de tiempos pretéritos. Empecemos porque estupefaciente no es un concepto sanitario sino que pertenece al ámbito de lo policial o lo judicial, lo cual sugiere el origen de estas recetas. No es comprensible en los tiempos que corren (informática, códigos de barras, lectores...) que para recetar algunos opiáceos haya que hacer una segunda receta y menos de forma manual. Algunos gobiernos autonómicos han dispuesto normas para informatizar la impresión de la "receta de estupefacientes", pero es tiempo de adaptar las normas al siglo XXI.

Una situación particular que origina conflictos es la de las residencias de ancianos y situaciones asimilables. Se trata, en general, de pacientes especiales: no están ingresados como en los hospitales, pero tampoco suelen acudir al médico como el resto de los ciudadanos. Disponen de un médico que atiende en la propia residencia sus problemas de salud. En las más pequeñas pueden no tenerlo pero en general es un médico que es contratado y pagado por la propia institución. Salvo casos contados en las que la residencia es pública y dispone de talonarios de recetas, volvemos a tener el problema del descuento en la farmacia. Un médico hace la prescripción y otro rellena y firma cientos de recetas de pacientes a los que no conoce. Una situación incomprensible e irregular. O se actúa como un escribiente o, en una verdadera pirueta intelectual, se pretende que el médico que tiene talonario se comporte como el censor del que no lo tiene. En mi opinión, existen tres posibilidades:
  • Se le da la posibilidad al médico de la residencia de tener talonarios oficiales y el médico del centro de salud queda desvinculado de esa población. Se eliminan de su población asignada.
  • En la situación contraria, el médico del centro de salud, atiende como suyos a los pacientes de residencia. Los que lo necesitan se consideran pacientes para atender en domicilio y los que no acuden a su consulta. Esto quiere decir que habrá que dotar al médico del centro del tiempo y los recursos suficientes.
  • Existe una vía intermedia en la que el médico de la residencia podría tener una vinculación especial con el centro que le permitiera de alguna forma participar de sus actividades y objetivos y a la vez acceder al sistema de prescripción para firmar las recetas de sus prescripciones.
Cualquier solución menos dejarlo como está.

Han existido y existen otras formas de aseguramiento en las que los pacientes pueden tener libre acceso a médicos especialistas de ejercicio privado pero el médico de cabecera tiene que ser del Sistema Nacional de Salud. ¿Por qué? Fácil: alguien tiene que hacer las recetas para el descuento de las farmacias. Lamentable. Un poco más: los pacientes del Instituto Social de la Fuerzas Armadas (ISFAS) o los de la Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado (MUFACE) no tienen derecho a acceder a los circuitos de receta de crónicos porque siguen usando talonarios específicos y "a mano". ¿No parece lógico que usaran las mismas recetas con un distintivo para su peculiar aseguramiento?
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(*) El Dr. José Luis Quintana Gómez es médico de familia y coautor del blog A Tensión Primaria, y este escrito es una parte del artículo publicado como “LA BUROCRACIA EN ATENCIÓN PRIMARIA: UNA TONTERÍA ELECTRÓNICA NO DEJA DE SER UNA TONTERÍA”, que se abre con un aforismo de Peter Drucker que habría que tener siempre en cuenta: “No hay nada tan inútil como hacer eficientemente algo que ni siquiera debería haberse hecho”. Pero hasta ahora los gestores no han hecho caso de esta regla y la estulticia manda.

viernes, 1 de octubre de 2010

Subliteratura o paraliteratura


Al hablar de subliteratura (o paraliteratura) versus literatura, uno se plantea dónde está la frontera entre ambas, por más que se dé por hecho que la primera entraña productos de baja calidad y sin pretensiones –obras poco profundas y acríticas, incluso plagiadas–, dirigidos al consumo de masas, muy bien promocionados y que aspiran a buenos beneficios comerciales. Aunque se dice que todo el mundo sabe lo que es la subliteratura pero nadie es capaz de definirla; bueno, algunos la tachan directamente de mala literatura o de “literatura basura”.

En referencia a creadores subliterarios, aquí se pone como paradigma a la prolífica Corín Tellado (defendida por Francisco Umbral, si es que no había ironía en sus afirmaciones), la autora hispana más famosa de la “literatura popular” (¡vaya eufemismo de subliteratura!), la reina de la novela rosa.

De todas formas, las consideraciones cambian con el tiempo y con la valoración de los críticos. Son éstos quienes en definitiva determinan qué creadores son o no son merecedores de entrar en la (su) historia de la literatura. Escritores muy difundidos y leídos, como Julio Verne, Jack London o Agatha Christie, son generalmente excluidos. Pero por más que la crítica honesta nos sirva de guía para elegir los caminos en la intrincada jungla libresca, han de ser los propios lectores los que aprendan a discernir, con el deseo de saber y disfrutar.

Otro tanto podríamos de decir de la música con mayúsculas frente a la submúsica, pero eso ya es otra historia.
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Este post está inspirado en otro del Dr. Tony Chávez, en su blog “De médico a cineasta”, quien se refiere a un mega género que puede abarcar muchos géneros y subgéneros (novelas policíacas, de espionaje, de intriga, romanticonas, eróticas, esotéricas, ciencia ficción, aventura, magia, fantasía, mitología, terror, horror y otros recovecos oscuros):

Enlace de interés:
La subliteratura (Sobre “Escribir. Manual de técnicas narrativas”, de Enrique Páez Mañá)