jueves, 24 de febrero de 2011

Dr. W.C. Álvarez: Viva en paz con sus nervios


Durante el segundo o tercer año de carrera, me hice con un libro del Dr. Walter Clement Alvarez (1884–1978) titulado Viva en paz con sus nervios, que en su momento me dejó vivamente impresionado. Trataba de multitud de síntomas que aquejan con frecuencia a la gente y que la lleva a buscar una causa orgánica sin éxito, porque tienen un origen psicosomático. Este médico norteamericano, cuyo nombre figuraba abreviado como W.C. Álvarez, tenía ascendencia hispana. Su padre, médico también, era un asturiano que emigró a USA; cursó su carrera en San Francisco y como Dr. Luis Fernández Álvarez ejerció en Honolulu, la capital de Hawai, donde fundó un hospital para enfermos de lepra.

Entre otros centros sanitarios, el Dr. W.C. Álvarez trabajó en la famosa Clínica Mayo de Rochester, Minnesota, y se interesó especialmente por la medicina psicosomática. Desde principios de 1950 comenzó a escribir una columna médica que se hizo muy exitosa en diarios y semanarios. Su bibliografía es extensa, mayormente de divulgación, sobre problemas psicosomáticos y encuadrados en el ámbito de las Humanidades Médicas. Un cuadro somatoforme lleva su nombre: el síndrome de Álvarez, una inflamación abdominal de origen psicógeno, sin exceso de gas ni otras alteraciones. Y se ha establecido un premio en su memoria (The Walter C. Alvarez Memorial Award), que se otorga como reconocimiento a la excelencia en comunicaciones de cuidados de salud, pudiendo ser el premiado miembro o no de la Asociación Americana de Médicos Escritores.

Del libro del Dr. W.C. Álvarez, que aún poseo, en una edición rústica de la desaparecida editorial Bruguera, tomé muchas frases que me parecieron interesantes. Sus recomendaciones siguen hoy más vigentes si cabe, en una época en la que han aumentado los trastornos de ansiedad, o mejor dicho todas las alteraciones psíquicas recogidas bajo el epígrafe de “trastornos neuróticos, relacionados con el estrés y somatoformes”, reunidos por su asociación histórica con el concepto de neurosis, entre los cuales están la ansiedad fóbica, el pánico, la ansiedad generalizada, el trastorno obsesivo-compulsivo, los trastornos de adaptación, los trastornos somatoformes (somatización, hipocondría), etc.

De las frases interesantes del Dr. W.C. Álvarez que recogí, reproduzco a continuación una selección y resalto las que me parecen clave, no sin antes decir que uno de los dichos favoritos del autor era de su admirado William Osler (tan renombrado en este blog): “La medicina es un arte, no un negocio, una vocación, no un comercio”.

Y sin más, les dejo con las sabias palabras del Dr. Álvarez.


¿Es posible que sean los nervios?
  • Sigo maravillándome de que tantas personas hayan dejado de comprender que exista la menor relación entre sus enfermedades orgánicas y las severas crisis emocionales que han atravesado.
  • Da pena pensar que miles de personas van de un médico a otro en busca de un medicamento o una operación, cuando todo lo que necesitan es que les ayuden a resolver un problema emocional.
  • A muchos nos da demasiada vergüenza que nos califiquen de nerviosos.
  • A veces se “necesita” una enfermedad como muleta mental (enfermedad útil).
  • La mayoría de seres humanos experimenta un deseo irreprimible de descargar la mente de problemas y pesares.
  • Incluso el paciente con un cáncer o una enfermedad cardiaca, tiene mayor necesidad de que le den ánimos y confianza y de que le enseñen a vivir, que de un medicamento o una operación.
  • Si el paciente estuviese enterado de la relación mente-organismo –relación sicosomática–, habría sospechado de una conexión entre la inquietud, el pesar o la fatiga y la enfermedad que siguió.
  • El caso inverso a la enfermedad sicosomática es la somatosíquica; en este caso, una dolencia orgánica repercute emocionalmente.

Enfermar por culpa de los nervios
  • Cuando los médicos no encontramos ninguna anormalidad que explique un dolor, una molestia o un trastorno, presumimos que es de naturaleza “funcional” o no orgánica.
  • Aun estando seguros de que un dolor o una enfermedad son producidos por la mente, debemos examinar al paciente; un problema orgánico puede provocar una tormenta emocional.
  • La única manera de manifestarse un malestar mental consiste en un dolor, un sufrimiento, una desazón, un ardor, un cosquilleo o un entumecimiento en alguna parte del cuerpo.
  • Un cerebro hiperactivo puede producir síntomas nerviosos.
  • Los individuos difieren grandemente en su modo de reaccionar a una emoción.
  • La emoción no sólo puede producir por sí misma una enfermedad, sino que puede poner de manifiesto los síntomas de una dolencia que se mantenía latente.
  • Recuerdo a cierto número de personas que estoy casi seguro que murieron de miedo.
  • La emoción puede sensibilizar o insensibilizar.
  • Desaparecida la tensión, el dolor puede desaparecer.

Los “nervios” pueden producir verdadero dolor
  • El dolor psíquico es constante, no cesa ni de noche ni de día (el orgánico es intermitente, cesa y vuelve) y se revela como inespecífico (“mariposas”, “pellizcos”…). No es imaginario ni forzosamente benigno.
  • El miedo a la enfermedad agrava la enfermedad.
  • Formarse una opinión del paciente por deducciones: cuenta las cosas rápidamente y con claridad o lenta y confusamente; dolor, pe. abdominal en un área reducida, en períodos cortos (orgánico) o en área extensa y constante (nervioso); quejas por problemas insignificantes: manchitas, puntitos, pecas… (nervioso)
  • Valorar la posibilidad de comprobar en su propio hogar a un ama de casa muy minuciosa, atareada y exigente consigo misma.
  • El individuo hipersensible sufre a menudo por molestias sin importancia, acudiendo rápidamente al médico por la mínima.
  • Hacer perder el miedo. Se puede ayudar a quienes tienen “accesos raros” sólo si se les hace ver el origen de éstos y porqué ocurren.
  • El escotoma centelleante (veinte minutos de visión borrosa o una línea brillante en zigzag) es inofensivo; es un síntoma de la jaqueca. Y la jaqueca está motivada por tres causas: propensión hereditaria, esfuerzo o tensión continuados (pe. exceso de trabajo o infelicidad) y un “gatillo” capaz de disparar el ataque.
  • He llegado a la conclusión de que el único medio de reducir la frecuencia de ataques de jaqueca es vivir una vida sencilla y dichosa, más sosegada y menos tensa.
  • Dos normas para reducir la tensión: hacer una sola cosa a la vez y no señalar un tiempo límite para realizar el trabajo.
  • ¿Por qué ponerse muy “acalorado”? Hay que tener el valor de saber callarse y desechar el hábito de enojarnos al oír o leer cosas con las que no estamos conformes.
  • Sobreponerse a los disgustos. Quien se ensimisma, se pone huraño y no cesa de hablar de injusticias atrae una enfermedad.
  • Relajación muscular. Tratar de relajar los músculos y aprender a reposar a voluntad.

Dominar el hábito de inquietarse y no avergonzarse
  • Reconocer que ciertas inquietudes carecen de fundamento.
  • No acongojarse por costumbre. Hay personas ilógicas que se inquietan y desazonan a todas horas de un modo estúpido; algunas sufren fobias o miedos ilógicos.
  • No contagiar a los hijos inquietudes innecesarias.
  • Temores de los ansiosos crónicos: a perder el juicio, al suicidio, a todo, a la soledad, claustrofobia, a enfermedades cardíacas, al cáncer, a morir, a desmayarse, aprensión sin saber porqué, múltiples.
  • Todos deberíamos combatir la ansiedad como una “costumbre pésima”.
  • Dejar de pensar en lo que sucedió y pudo ser evitado o en lo que pudo ser y no fue. Nadie ve el futuro.
  • Tres máximas para los acongojados (consejos del Dr. Austen Riggs): 1º) preguntarse ¿es mi problema?; 2º) si lo es, ¿puedo yo resolverlo?; 3º) si puede ser resuelto por alguna persona experta acuda a ella.
  • Otra recomendación: viva encerrado en el día de hoy. Los problemas hay que resolverlos de día, la noche es para dormir.
  • Para sobreponerse a una fobia hay que combatirla: “haz aquello que te inspira miedo y éste habrá muerto”.
  • Al hipocondríaco es imposible tranquilizarlo en cuanto a su salud; no se puede conseguir que viva confiado mucho tiempo. Si un médico le prescribe diez medicamentos a la vez, es maravilloso.
  • Nadie debe avergonzarse de ser nervioso y sensible. Pensemos en la brillantez de las persona ligeramente maníacas; posiblemente grandes escritores, músicos, etc., fueron un poco maníacos y estuvieron al borde de la psicosis.
  • Casi todo el mundo tiene un punto que se sale fuera de la raya. El “umbral emocional”, o punto crítico, difiere de unas personas a otras.
(Las frases de la segunda parte del libro, que trata sobre el “arte de vivir”, podría considerarlas para un futuro, según la acogida de estas otras editadas)

Sinfonía Nº 2 “La era de la ansiedad” de Leonard Bernstein
Final

8 comentarios:

  1. Hola,

    llevo tiempo siguiendo tus excellentes entradas

    me gustaría contar con tu colaboración para difundir esta Encuesta entre los residentes a tu alcance y en otras Webs si es posible.
    https://www.jotform.com/form/10540353816

    te lo agredezco de antemano y espero no abusar de la confianza que brindan las Web 2.0

    cualquier aclaración ya sabes como contactar conmigo.
    http://espaciomir.blogspot.com/

    Un saludo.

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  2. Hola Doc,
    dejo enlace a la encuesta al principio de la columna lateral. Y enlazo también la bibliografía de ESPACIO MIR ("Enlaces Medicina").

    Un saludo y gracias por tu interés en este blog médico-melódico.

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  3. José Manuel; es de agradecer esta entrada tuya, especialmente por los "atacados" como yo, je, je. Tomo nota de muchas cosas que creo me van a ser de utilidad, querido doctor.
    Muchos bicos.

    ¡Ah! genial la elección musical.

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  4. Querida Lola, en este tiempo de agobio y prisas no es nada fácil mantener la serenidad. Bienvenidas las frases del Dr. Álvarez si nos sirven de apoyo (tal vez publique las de la segunda parte).
    Serenos bicos.

    P.D. La sinfonía de Bernstein me pareció la ilustración sonora más apropiada.

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  5. ¡Qué maravilla!
    Magnífica elección de letra y música para los tiempos que corren. Personalmente, agradezco ambas, amigo José Manuel.

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  6. Una buena letra puede bastar por sí sola para iluminarnos, pero con acompañamiento melódico se enaltece más si cabe. Sobre todo en tiempos de ansiedad.
    Gracias, amigo Francisco, por tu maravillosa presencia.

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  7. Hola, yo también tengo el libro en la edición rústica de la editorial Bruguera, aunque la cubierta es distinta del que aparece en la foto. Lo rescaté hace unos días de casa de mi hermana, que lo tenía entre varios libros antiguos de los que se iba a deshacer, por no tener espacio. El caso es que el libro llevaba toda la vida en casa de mis padres y nunca se me había ocurrido mirarlo, pero ahora he estado ojeándolo y me parece muy interesante. Me resulta curiosa la forma de escribir, de hace unos cuantos añitos ya, y de cómo refleja la sociedad de los años 50-60, sobre todo cuando sus consejos se refieren a las mujeres, cuyo papel se reducía casi exclusivamente al de amas de casa, esposas y madres. Pero, sin duda, sus observaciones son muy sabias y útiles. Hay cosas que no han cambiado tanto. Saludos.

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    1. Hola Ariadna. La forma de escribir de Álvarez, aunque sea traducción del inglés, podríamos decir que corresponde a un momento o una época en que primaban la buena educación y las correctas maneras. Pero se acompaña de un fondo muy sustancioso, creo yo; al libro se le puede sacar mucho jugo. Lo que sí es cuestionable es esa aparente reducción del papel de la mujer, aunque hay que encuadrar esa visión el momento en que el autor escribe.
      Gracias por tu amable comentario.

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