jueves, 9 de febrero de 2017

Osler y la Aequanimitas



La práctica de la medicina es un arte, no un comercio; una vocación, no un negocio; una vocación en la que tu corazón debe ejercitarse tanto como tu cabeza. W. Osler

Dice el doctor Walter Ledermann en un editorial de la Revista Chilena de Pediatría: 
Bajo el término aequanimitas, que no puede traducirse simplemente por “ecuanimidad”, Sir William Osler expresaba la cualidad fundamental exigible a un médico, definida como imperturbabilidad, frialdad y presencia de ánimo en todas circunstancias, que quien se muestra azorado y nervioso en emergencias ordinarias pierde rápidamente la confianza de sus pacientes
Una cualidad que un neurocirujano conocido de Ledermann sintetizó diciendo que “el médico debe tener la cabeza fría”, y que el propio Osler le recordaba a cada alumno a la cabecera del enfermo pronunciando: “Aequanimitas, muchacho, que emociones perturben tu juicio no permitas”. 

Por otro lado, en la nota introductoria al libro Aequanimitas de William Osler, dice nuestro recordado traductor, el cardiólogo Manuel Fuster Siebert

El núcleo del mensaje que proclama es claro, compasivo y actual, expresado de un modo que llega al alma de cualquier médico. Exhorta a la organización del tiempo, del trabajo y del estudio, a la laboriosidad, a conservar la calma, a respetar a los demás, a la compasión, a anteponer el interés de los enfermos, y a seguir estudiando y aprendiendo de la propia experiencia durante toda la vida. Sus alusiones y evocaciones literarias, a veces oscuras, parecen una envoltura, un adorno algo barroco, pero van con intención: el médico debe ser culto y aficionado a la literatura. (…)  
El saber científico-técnico es imprescindible, pero no llega; el enfermo tiene una psique, unos sentimientos, una biografía. Hace falta el arte de la medicina. Osler enseñaba ambas cosas cuando pasaba visita por las salas del hospital; en el momento de pronunciar las conferencias que figuran en Aequanimitas lo que venía a cuento era insistir en el arte sin olvidarse de ensalzar la ciencia. 
El ejercicio de la medicina clínica tiene un gran componente literario. El dominio del lenguaje es imprescindible: menos la fase de observación, el resto es lenguaje, comunicación. Escuchar al enfermo y comprenderlo, hablar haciéndose entender, reflexionar, redactar historias e informes, comunicarse con los colegas: todo exige soltura, flexibilidad y precisión en el manejo de las palabras. Para comprender las emociones, los temores, las preocupaciones y los conflictos emocionales de los enfermos a veces no hay mejor fuente de información que la literatura. (…) 
Sobran razones para explicar el éxito de Osler en vida y la persistencia de su fama e ideario tras su muerte. Pero uno de los factores que merecen ser destacado es su habilidad para acuñar frases cargadas de significado, sensatez y utilidad, fáciles de recordar y oportunas cuando uno quiere orientar a los jóvenes. Abundan en Aequanimitas, han sido recogidas y clasificadas en The Quotable Osler. Ciencia y arte, técnica y lenguaje, precisión médica y complemento literario… 
Hay suficientes razones para leer a William Osler, aprender de su experiencia, empaparse de su humanidad y recrearse en sus aforismos. El humanismo médico del “padre de la medicina moderna ha ido avanzando de su sabia mano.

Sir William Osler (1849-1919): The Father of Modern Medicine
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WILLIAM OSLER: APUNTE BIOGRÁFICO
William Osler (1849-1919), fue un médico canadiense, profesor universitario y jefe de Medicina Clínica, reconocido por sus grandes contribuciones en el campo de la medicina. Hay signos clínicos y enfermedades que llevan su nombre (epónimos): signo de Osler (falsa lectura de hipertensión arterial debida a arterioesclerosis), nódulos de Osler (nódulos subcutáneos secundarios a endocarditis), enfermedad de Rendu-Osler-Weber (telangiectasia hemorrágica hereditaria), etc. Fundador de instituciones médicas, docente extraordinario y médico humanista, es considerado el padre de la medicina moderna, siendo su influencia notoria. Su obra magna Los Principios y Práctica de la Medicina (The Principles and Practice of Medicine), publicada en 1892, supone el primer gran tratado de medicina. 

Interesante artículo sobre su figura: 

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