jueves, 24 de agosto de 2017

Crónica de una hiperfrecuentación controlada


Esta es la crónica de una estrategia para el control de la hiperfrecuentación en el ámbito sanitario público. Los usuarios más frecuentadores (hiperfrecuentadores) del centro de salud La Torcida fueron convocados a una charla informativa y, de algún modo, terapéutica. Ya dijimos en su momento que, según los estudios realizados hasta la fecha, el control de la frecuentación o el manejo de los pacientes hiperfrecuentadores precisa de una adecuada información (educación sanitaria), una buena organización asistencial y una correcta actuación profesional.

Pues de ahí nació la idea de los profesionales sanitarios de La Torcida, con el propósito -y perdónesenos el involuntario chascarrillo- de enderezar la conducta de los usuarios más demandantes, aquellos que consultan doce o más veces al año, sin contar visitas burocráticas y programadas. Pero, sin risas, sigamos.

De los llamados a la reunión acudió casi el 70% de los pacientes, de los cuales algo más de la mitad eran mujeres, con una edad media de 62 años, la mayoría sin estudios o con estudios básicos. Los galenos de La Torcida tenían los datos de sus dolencias, de sus hábitos y de su entorno familiar, social y laboral. Comenzó hablando el doctor Entusiasmado, explicando el motivo de la convocatoria, definiendo el concepto de hiperfrecuentador, diferenciando los tipos de hiperfrecuentadores y exponiendo las causas que condicionan el comportamiento del hiperdemandante de servicios sanitarios.


En tanto hablaba el galeno se escuchaban murmullos supuestamente discrepantes. Venían a decir: "Es que yo soy diabético y...", "Mi hipertensión necesita muchos controles, por eso...", "Tengo dolores por la artrosis y vengo cuando...", y otras expresiones semejantes con las que los presentes querían justificarse. Acabó el doctor Entusiasmado su presentación, apoyada en imágenes proyectadas, y dio paso a la segunda parte, preparada por su colega el doctor Solucionador.

Este médico de familia les habló de los inconvenientes de realizar múltiples consultas y de la necesidad de limitar su número, por su inutilidad y por el perjuicio de terceros. Trataba de convencerlos, con simpatía, de las bondades del cambio de comportamiento y propuso una serie de medidas que ya habían sido aplicadas con resultados probados en otras áreas sanitarias. Hubo nuevos murmullos de desavenencia, provenientes de los hiperfrecuentadores más inquietos.

Y al concluir su charla el doctor Solucionador, comenzó el turno de preguntas.

Los médicos de familia, con buenas maneras, intentaron sosegar los ánimos y aclarar las dudas. Al señor Tozudo le explicaron que su enfermedad crónica precisaba controles, pero no semanales. A la señora Protestona le respondieron que nadie le iba prohibir venir a consulta cuando quisiera (lo que había manifestado altanera), pero que por acudir más veces por un mismo problema no iba a mejorar su salud. A estos pacientes y a otros casi los convencieron en esta primera sesión de que su actitud era equivocada. También reconocieron los galenos su parte de culpa por haber contribuido durante años, torpemente, a la hiperfrecuentación. Esta inesperada confesión suscitó sonrisas y movimientos de cabeza. Y al considerar el doble rasero del asunto, público-privado, se impuso una reflexiva seriedad.

Entre las reivindicaciones de derechos de unos y la llamada a la sensatez de los otros, se fueron aviniendo las voluntades. Las respuestas del doctor Entusiasmado y del doctor Solucionador fueron bien recibidas, en general, por la concurrencia. Querían que quedase clara la idea de que es preferible una consulta efectiva que diez rutinarias. Pero no quedó ahí la intervención comunitaria de los pacientes hipefrecuentadores de La Torcida. Ni mucho menos.



Los médicos de familia de La Torcida convocaron reuniones sucesivas, dando oportunidad a que participasen los ausentes, quienes no habían podido o querido acudir a la primera sesión. Es más, se les propuso a los pacientes que aportasen ideas y que razonasen sus desacuerdos, aun sabiendo que el nivel cultural era bajo y que la media de conocimientos no auguraba grandes expectativas. ¡Mecachis...! Y cabe decir que los galenos referidos y otros que después participaron también tuvieron mucho que aprender de los usuarios que recibían sus servicios.

Al cabo de tres años, se consiguió disminuir la hiperfrecuentación en casi un 75%. Sin merma de la atención y, por el contrario, con mejora del bienestar individual, según las mediciones de satisfacción. De una media de 32 visitas por paciente al año, se bajó a 9. Bueno, no es un dato exacto, pero sí aproximado.

Y aquí acaba la alegre crónica de una hiperfrecuentación controlada. Sin que el control de la hiperfrecuentación haya finalizado, como pueden suponer, pues continúa de modo indefinido; las intervenciones se mantienen ante la llegada de nuevos pacientes hipefrecuentadores y por la imparable dinámica sanitaria, cada vez más exigente para los profesionales de la medicina. De modo que la buena información y la adecuada comunicación sanitarias no cesan. Por último, hemos de decir que los exitosos resultados que tienen los emprendedores del estudio habrán de ser publicados para el aprovechamiento en otros centros de salud. Su logro nos llena de optimismo, aunque quizás demasiado...

Too Much - Nat King Cole
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Entrada relacionada:
Pacientes hiperfrecuentadores, causas y soluciones

4 comentarios:

  1. Jajaja , muy bueno amigo Jose Manuel: Fina ironia para abordar certeramente desde la crítica y la razón, un problema endémico e irresoluble hoy por hoy. Y es que, la naturaleza humana es la que es, no en vano ya Cervantes decia que lo que "nada cuesta en menos se valora " o lo primero que se aprende en la Facultad de Economia: "A coste cero, demanda infinita". No nos engañemos, bastaria con solo pagar un euro por consulta y se arreglaba este poblema. Siguiendo el ejemplo de casi todos los países del mundo, excepto quizas Corea del norte.
    Porque al contrario de lo que cree el usuario de a pie, y le dicen los politicos: el coste real del servicio sanitario que se ofrece, para que fuera de calidad es mucho mayor que lo que se aporta, que tambien sirve para pensiones, carreteras, administracciones y resto de servicios públicos.
    Todo ello se compensa o encubre con la explotación del médico y la ignorancia del usuario que desconoce la realidad asistencial .

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    1. Por supuesto, Juan, que lo que nada cuesta en poco o nada se valora; y que a coste cero, demanda infinita. Por eso un mínimo coste directo podría valer para concienciar algunas mentes; creo que sería más honesto que el incremento de costes indirectos con los que se está exprimiendo a la población en forma de aumento de impuestos y tasas, cargados al consumo de carburantes en forma de “céntimo sanitario” (en singular pero en plural en la práctica) o incluso a servicios básicos (p.ej. suministro eléctrico, agua corriente o residuos domésticos.), con los que parece evidente se intenta compensar lo que se pierde por otros lados.

      Insistiendo en lo que ya dijimos en una entrada relacionada, y a tenor de lo ya escrito sobre esta cuestión, el control de la frecuentación o el manejo de los pacientes hiperfrecuentadores precisa de: 1) una adecuada información (educación sanitaria), 2) una buena organización asistencial y 3) una correcta actuación profesional.

      Sobre esto último, como también ya expresamos, se hace necesario establecer límites, para que no haya repeticiones inútiles de consultas, que a su vez generan más actos médicos improcedentes. Lo cual no significa reducción del derecho a la asistencia, sino velar por la calidad de la misma. En cualquier caso, la experiencia nos dice que las intervenciones profesionales están condicionadas por diversas variables: tamaños de los centros, población asignada, enfermos crónicos (somáticos y psiquiátricos), organización asistencial (turnos de mañana / mañana y tarde), situación contractual de los profesionales, nivel de entusiasmo del equipo sanitario, etc. De modo que sería preciso una intervención político-sanitaria sensata y responsable, haciéndole ver a la población la realidad del primer nivel asistencial. Tal vez una quimera...

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  2. Bueno.
    Bienvenido el humor!!
    Sin embargo, si en lugar del Dr.Entusiasmado o el Dr. Solucionador fueran los Drs (mejor doctoras, no?) Escuchador y Paciencia y Narrativo y Contenedor con un modelo de trabajo mas "globalizador" (recordais aquello de biopsicosocial?) me interesaría mas.
    Es fundamental cambiar de modelo para poder entender y atender demandas que no encajan en lo que utilizamos. Si revisais la palabra/concepto "psicosocial" encontrareis una via de trabajo.
    Por favor, de vez en cuando, evitar poner palabras y reconocer lo que nos despiertan los pacientes (contratransferencia/empatia) nos ayuda mucho a conocernos a nosotros mismos. Por que usamos términos tan "estigmatizadores" con los pacientes y no con los medicos?
    Yo conozco muchos médicos (y medicas) Dr. Insoportable, Dra. Por-qué tengo-que-aguantar, Dr. Humos-Altos, Dr. No-me-cuente-tonterias....
    Saludos
    Jose ANtonio Tous Olagorta

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    1. Pues puede que sí, José Antonio, aunque da lo mismo que los/las ejecutantes sean mujeres u hombres, con tal de que sean personas capaces y con un mínimo de sentido común, tan escaso por estos lares. Ahora bien, el ámbito sanitario está prácticamente feminizado, y de seguir así un médico hombre va a ser un rara avis.
      Lo de la atención integral, biológica, psíquica y social, está muy bien en los diseños teóricos de despacho. Pero la práctica nos hace ver la realidad de una atención como de guerra, que dijo alguien: todo el mundo a contrarreloj, cual etapa ciclista de alto nivel, aunque a lo pobre.
      Sin una buena agenda médica (“agenda de calidad”, según los teóricos de la gestión), que impida interferencias o demandas sin cita, es imposible dar respuestas satisfactorias, que entrañan comunicar adecuada y serenamente, además de emitir diagnósticos y decidir tratamientos.
      Y por supuesto, todo sin desatender los principios básicos de la buena relación médico-paciente, tan distorsionada en un ambiente poco propicio y con sobredemanda, en el que cada vez hay más paciente desorientados y más médicos quemados.
      Que siempre ha habido médicos buenos malos es inevitable, al igual que admirables pacientes y despreciables usuarios, y por extensión podemos acabar definiendo cada persona individual, sin etiquetas profesionales o de otra índole, por los rasgos de su personalidad.
      En cualquier caso, no olvidemos que el sanitario debe brindar su ayuda a un sufriente, sea cual fuere, y que un buen clima laboral es necesario para trabajar con sosiego y dar una respuesta de calidad. Desgraciadamente, en general, a gestores-políticos esto parece traerles sin cuidado, pues solo les interesa el acopio de datos, para presumir de resultados que nada tienen que ver con la realidad que se vive.
      En fin, gracias por tu opinión y esperemos mejoras futuras en todos los sentidos. Hemos de mantener el optimismo.

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